Llueve y entre la lluvia
se escucha tu llamado,
tu grito enorme
sobre el silencio mudo…
tu voz profética
sobre la humanidad
La rueca hiló su tiempo
de regresar a Dios,
regresar a su huerto
a transformarnos.
Allí, donde ninguna peste
nos invada,
ni política obscura
ensombrezca los
caminos del amor.
Donde el oro y la plata
no sean dominación,
juego de las potencias
que arrebatan y
huelen a dolor.
Es tiempo de encontrar
el reflejo perdido,
de engrandecer la luz,
que nos da vida.
Cuánta dulzura Tú,
infinitud del cielo,
eco divino
de un nuevo amanecer.
Amanecer de sueños,
donde la mezquindad
no nos alcance,
y el agua cristalina,
murmure su canción.
Donde el ala del tiempo,
dance feliz en trinos
y haya fiesta de cantos,
de vuelo y libertad
Donde aflore el crepúsculo
y tome entre sus brazos,
las familias unidas
con lágrimas de amor.
Dios quiere que cambiemos
y que nuestra palabra,
no modifique códigos
ni relaje moral.
Quiere,
que duerma la ambición
sueño eterno
y sean libres los patios
de nuestro corazón.
Quiere que nuestra barca,
viaje en aguas tranquilas,
entre los continentes
de su infinito amor.