Encuentro

Llego a mí la palabra,
me aprisiono en su magia,
se llama poesía.

Me arrulla entre su canto,
me extasía en su encuentro,
sabia alfarera
que me enseña el verso,
me lleva de la mano
con música y aromas.

Hablamos…
nos sentamos
al borde de la luna,
contemplamos los siglos
y en besos de palabras,
soñamos transformar
la humanidad.

— Aura Inés Barón Pineda

Palabras

Palabras…
dulces en arrullo del amor,
enfurecidas en el grito de la guerra,
airadas en el oleaje del mar
y sombrías en el mármol
de la muerte.

Llegan desde todos los milenios
como caudales en alerta,
hasta la orilla y nos circundan.

Brotan desde la luz
del universo,
se descuelgan
del pensamiento,
caen al oído
y en el vuelo del silencio
se detienen
dando nombre a las cosas.

El eco de la voz
las llena de colores,
en el afán de recoger
el resplandor,
que un lucero
dejó desde la noche.

Danzan en el paisaje,
mecen las ramas
y cadenciosas cantan
en el último trino.

Tienen sabor a inmensidad
de Dios,
sabor, de aquella luz primera
que iluminó las cosas.

Sabor a lluvia de arcoíris
cargado de reflejos, de silabas,
de luces y de asociaciones.

Palabras…
notas de un pentagrama
en la garganta,
que abrió la inmensa
página de todos
los idiomas.

— Aura Inés Barón Pineda

Si pasa la tormenta

Si pasa la tormenta…,
qué claro se ve el cielo,
si la tormenta pasa…
Transparentes sus ojos
se iluminan sin lágrimas.

Se borra la tiniebla,
se endulza el corazón.
Mece el viento los árboles,
se saludan los pájaros,
picotean el rocío
y se sienten tan limpios,
como el amanecer.

Si la tormenta pasa…,
en el aire del tiempo
hay arrullo y silencio
de música olvidada.

Corre el río tan manso,
flotan suaves sus aguas
y despiertan la vida
de las sencillas almas.

Si pasa la tormenta…,
se va la opacidad,
huele a huerto sagrado
de otro reino
y muere la zozobra.

— Aura Inés Barón Pineda

No deja de llover

No deja de llover
el alma mía,
sus nostalgias
y estrella de la vida.

Esa lluvia tranquila,
sosegada
de las montañas viejas.

No dejan de llover
esos recuerdos,
repasando las huellas
suspendidas…

Llueve la rama
del viñedo ungido,
llueve el mar
sus olvidos
y redime sus olas
del abismo.

No deja de llover el alma mía,
flores de asombro
en cada despedida.

No dejo de llover
la voz que habita
en ella,
la pena, la alegría,
la música del río,
el grito lastimero
de los hombres,
en el umbral del tiempo.

No deja de llover
el alma mía,
por entre la mirada
de los sueños
de la página en blanco,
que se llena de sílabas,
de frases y de historias.

No deja de llover
el alma mía
lo que ve
y lo que siente;
La Poesía.

— Aura Inés Barón Pineda